POSICIONÁNDONOS EN LA PASCUA

Por Nic Lesmeister
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Publicado en Artículos Destacados, Pésaj, Recursos Destacados, Sin Categorizar, sobre 25 de abril de 2019

¡Jag Pésaj Sameaj! (Feliz Pascua),

Por segundo año consecutivo, la festividad de Pésaj y la festividad de Pascua, conmemorada por la Iglesia, se encontraron en el calendario, celebrándose el mismo fin de semana. Como seguidor de Jesús (Yeshúa), siempre me emociono cuando ocurre tal convergencia. En mi calidad de gentil, nos da a mi familia y a mí una maravillosa oportunidad para celebrar la riqueza de ambas festividades.

Justo esta mañana leía la narración de la Pascua hecha en Lucas, en los capítulos 22 y 23.  La mayoría de nosotros estamos muy familiarizados con la historia de La última cena, que fue la celebración que hizo Jesús, con sus discípulos, de la Pascua. Todos estamos familiarizados con la crucifixión y muerte de Jesús y, especialmente en la iglesia evangélica, con su resurrección. Durante mi trayecto a casa desde las oficinas de MJBI, veo en los jardines de gozosos, perdonados seguidores de Jesús, carteles que anuncian, “¡Ha resucitado!”

Algunas veces, no obstante, pasamos por alto el elemento humano de las historias de la Pascua y la Resurrección. Habiendo crecido en la iglesia católica, cada Viernes Santo cantábamos, ¿Estuviste ahí?a capela. Esa era una forma de ponernos, intencionalmente, en este evento histórico y así sentir, verdaderamente, cómo debió ser estar presente en tan increíbles eventos.

Mientras meditamos y nos conectamos con las historias de la Pascua y la Resurrección este año, quiero animarles a reimaginar cómo percibieron los eventos descritos en Lucas 22 y 23 tres distintos personajes, quienes presenciaron dichos eventos en tiempo real: Pedro, José y una mujer de Galilea.

Pedro

En Lucas 22:31-34, Jesús advierte a Simón Pedro que Satanás ha pedido “zarandearlo” como si fuese trigo. La acertada ilustración del significado de esta frase implicaría sacudir agresivamente algo a fin de separarlo de algo más. Jesús dijo a Pedro que Satanás estaba pidiendo literalmente sacudirlo tan fuertemente que ello ocasionara que Pedro le diera la espalda a Jesús, después de tres años de ver su milagroso ministerio.

Después de que Jesús dice a Pedro que lo negará tres veces, Pedro niega vehementemente que ello pudiese suceder. Sin embargo, horas más tarde y después de que una criada reconociera a Pedro a la luz del fuego y lo identificara como seguidor de Jesús, Pedro rápidamente cumple las predicciones de Jesús. El versículo 62 dice que Pedro se fue “llorando amargamente” después de que Jesús le mirara directamente cuando el gallo cantó.

Cierren sus ojos e imaginen las emociones que Pedro debió estar experimentando. Todo dentro de ti era celosamente leal a Jesús. Aun así, en un momento de debilidad humana, de temor, traicionaste a tu propio salvador. Luego, levantas las mirada para encontrarte con sus ojos mirándote fijamente, mientras su predicción prueba ser verdad. No puedo ni imaginarme la profundidad del dolor que Pedro sintió en ese momento, o la desesperanza y sensación de pérdida que debió llenar su corazón mientras salía del jardín llorando.

José

José provenía de Arimatea, que el día de hoy es donde se ubica Ramala (interesantemente, la capital administrativa de la Autoridad Palestina). Lucas 22:50 dice que era un hombre justo y miembro del Alto Concilio Judío. Sin embargo, no estuvo de acuerdo con las decisiones de sus colegas líderes religiosos, de enviar a Jesús a su muerte.

Una vez que Jesús hubo espirado su último aliento, José pidió a Pilatos el cuerpo de Jesús. Es claro que José disfrutaba de una alta posición en la sociedad, dado que pudo hacer esta petición al gobernante romano de Judea.

El versículo 51 dice que José “esperaba el reino de Dios por venir”. De nuevo, imagínense a ustedes mismos como José. Has estado esperando, en justicia, el reino de Dios por venir y el reinado del Mesías toda tu vida. Por causa de la vida y ministerio de Jesús, claramente percibiste que Jesús era este mesías que cumpliría la promesa bíblica y establecería el reino en Jerusalén. Con todo, ahora personalmente bajas su cuerpo sangriento, sin vida, de una cruz. Cuánta confusión debes sentir en estos momentos. Cuánta tristeza e ira debes sentir también, viendo el cuerpo quebrado del Mesías en tan horrendo estado.

Una mujer de Galilea

Finalmente, Lucas 23:55 dice que “mujeres que habían venido desde Galilea” siguieron a José al sepulcro en el que el cuerpo de Jesús habría de descansar. Recuerden que 85 % del ministerio público de Jesús se llevó a cabo en la región de Galilea, en Israel. Es claro que estas mujeres vieron a Jesús levantar gente de entre los muertos, sanar sus enfermedades incurables, liberar a gente endemoniada y traer libertad a otros miles de personas a través de su ministerio de amor, aceptación y perdón.

Una vez más, pónganse en sus zapatos. El heroico, triunfante Jesús, ahora estaba sin vida, golpeado, y estaba siendo puesto en una tumba donde su cuerpo se descompondría. Estaban ahí para seguir el ritual judío y ungir su cuerpo con especias y aceites. Sin embargo, dado que el Shabathabía comenzado al anochecer del viernes, no podrían volver a la tumba para hacerlo. En lugar de eso, les aguardaban 24 largas horas de espera. De nuevo, la confusión, la desesperación y la ansiedad debieron ser palpables.

Posicionándonos en la Pascua

El ponernos en los zapatos de estas tres personas nos permite experimentar completamente la Pascua de Jesús, el cordero que fue sacrificado para expiación de nuestros pecados—para que se diese nuestro Éxodo de la muerte, la prisión y el juicio.

Imaginar estas historias a través de los ojos de estos personajes nos permite no adelantarnos a la resurrección  de Jesús sin antes entender cabalmente cómo debió sentirse el vivir esos tres días pensando que la gran esperanza en la que habían creído se había perdido. El peso de tal noción debió ser inaguantable.

El amanecer llega el domingo

Pero luego, Lucas 24 abre con esto:

Muy de mañana, el domingo, las mujeres fueron al sepulcro, llevando las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que había sido quitada la piedra que cubría el sepulcro, así que entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Estas mismas mujeres de Galilea finalmente llegan al sepulcro con sus especias, una vez terminado el Shabat, pero el cuerpo de Jesús no está ahí. Hombres en resplandecientes túnicas se les aparecen, diciéndoles que el Hijo del Hombre se ha levantado de su muerte.

En el versículo 34, Lucas indica que una de las primeras personas a quienes se les apareció Jesús, es Pedro. Imaginen la emoción que sintió cuando Jesús se le apareció, vivo. ¡Caray, debió ser increíble!

No hay registro de que José de Arimatea experimentara la resurrección de Jesús, pero podemos asumir sin problema que se vio igualmente exaltado al darse cuenta  de que el reino de Dios verdaderamente HABÍA venido en la resurrección de Jesús.

Cada año celebramos la muerte y resurrección de Jesús. Sin embargo, espero que este año usted pueda posicionarse en el verdadero e histórico registro de lo que el Mesías soportó y cumplió por nosotros. Debemos experimentar tanto la gran decepción y dolor por su muerte, como el inmenso gozo de su resurrección. Solo entonces podremos identificarnos con él, verdaderamente, como Hijo del Hombre e Hijo de Dios.

El cordero pascual nos libró de nuestra esclavitud al ser sacrificado por nosotros. Después se levantó por encima de la muerte, para proveer, eternamente, esperanza para todos nosotros.

 

 

 

 

 


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