ISRAEL: LA MILAGROSA IMPERFECCIÓN

Por Nic Lesmeister
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Publicado en Revista Zealous sobre 30 de abril de 2018

En septiembre de 1897, un hombre de 37 años de nombre Theodor Herzl abrió su diario personal y empezó a escribir. Apenas días antes había organizado exitosamente el Primer Congreso Sionista del mundo, en Basilea, Suiza. Más de 200 delegados, de todas partes del mundo, se reunieron por tres días para empezar a planear cuidadosamente cómo promoverían su movimiento para crear una patria judía en lo que en ese entonces era Palestina. Fue el lanzamiento oficial del movimiento Sionista.

Herzl, abrumado por lo que percibió ser un auténtico éxito del evento, redactó esto en su diario:

“Si tuviese que resumir el Congreso de Basilea en una palabra—lo que no haré abiertamente—sería esta: En Basilea fundé el estado judío. Si dijese esto hoy, me encontraría con la burla generalizada. En cinco años, quizás, y ciertamente en 50, todos lo verán.”

La increíble predicción de Theodor Herzl falló por tan solo un año. Cincuenta y un años más tarde, el 14 de mayo de 1948, nació oficialmente el Estado de Israel.

Estudiar la vida y obra de los padres del Sionismo como Herzl, David Ben-Gurion (el primer ministro inicial de Israel), Chaim Weizmann y Ze’ev Jabotinsky, es un ejercicio de asombro. Cada uno de estos individuos vivió una vida muy secular, apenas practicando su fe judía. No obstante, en retrospectiva, cada uno de ellos fue una herramienta en manos de Dios para el eventual cumplimiento de sus antiguas promesas de restaurar al pueblo judío a su propia nación, en su patria ancestral en el Medio Oriente.

A quienes estudiamos la palabra de Dios este tipo de historias no debería sorprendernos. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David, Salomón, y muchos más de nuestros héroes bíblicos fueron hombres con grandes imperfecciones. Aun así, todos fueron usados por Dios para promover sus causas sobre la tierra.

Mucha gente judía llama a la Biblia hebrea (lo que nosotros llamaríamos el Antiguo Testamento), “el diario familiar del pueblo judío”. Está lleno de altibajos, aciertos y errores, éxitos y fracasos. Es la historia de un Israel completamente imperfecto pero desposado, a través de un pacto, con un padre perfecto y milagroso.

El antiguo pueblo de Israel era un pueblo milagrosamente imperfecto, y el actual—y la nación que es su patria— no son la excepción. Para mí, aquí se exhibe la grandiosa sabiduría de Dios. Él ha elegido un pueblo, de entre todos los grupos poblacionales del mundo, para ser ejemplo de su gran misericordia para con toda la humanidad. El antiguo y moderno Israel nos muestran que está bien ser humano, pues Dios obra a través de los humanos cuando estamos dispuestos a cooperar con él.

En Deuteronomio, Dios le recuerda esto claramente al pueblo de Israel:

“No es por ser la más numerosa de todas las naciones que Adonai puso su amor sobre ti y te eligió—pues eres la más pequeña de todas.Más bien, fue por su amor por ti y en cumplimiento al juramento que hizo a tus antepasados…” (Dt 7:7-8)

El pueblo judío perpetúa, hoy en día, el patrón de ser “la más pequeña de las naciones”. Israel no es sino la centésima nación más poblada sobre la tierra, y el pueblo judío es una de las minorías globales más pequeñas. Con todo, esta diminuta nación y pequeño grupo poblacional puede jactarse de contar con más graduados de doctorado, bibliotecas y museos per capita, más compañías listadas en NASDAQ que cualquier otro país además de los EE.UU. y China, y 23% de los casi 900 ganadores del Premio Nobel a nivel mundial.

A pesar todas estas milagrosas historias de éxito, Israel sigue siendo imperfecto pues, sin importar cuánto contribuya el actual gobierno israelí a hacer el bien en el mundo—luchando contra el extremismo islámico, protegiendo vidas inocentes de los terroristas, enviando ayuda alrededor del mundo cuando suceden desastres—aún tiene deficiencias. Una de las más grandes es el trato que da a la comunidad mesiánica judía que vive en la tierra de Israel.

Cuando Israel fue fundado en 1948, el Estado creó la Ley del retorno, que garantiza que cualquier persona judía con al menos un abuelo o abuela judíos, podía emigrar a Israel y recibir ciudadanía inmediata. Más de tres millones de judíos han pasado por este proceso en los últimos 70 años. Sin embargo, tratándose de un judío que profesa su fe en Yeshúa el proceso no es tan sencillo.

A muchos creyentes mesiánicos se les niega rotundamente la ciudadanía y muchos otros pasan por largos y costosos procesos judiciales a fin de ganarle al gobierno y obtenerla. Cuando Benjamín Netanyahu fue reelegido en 2015, tuvo que hacer un trato con el partido político ultra ortodoxo para formar oficialmente su gobierno en el parlamento. Netanyahu acordó dar a tal partido mayor control sobre el Ministerio del Interior, que supervisa el proceso de otorgamiento de ciudadanía. Los ultra ortodoxos son la versión actual de los fariseos en la época de Jesús, no aceptan a los mesiánicos como judíos y, a menudo, apenas los reconocen como seres humanos.

En 2016, unos queridos amigos míos y de Tabatha fueron echados del país junto con sus tres hijos cuando la Suprema Corte no los reconoció como judíos por creer en Yeshúa. Lo más frustrante es que habían estado viviendo en Israel 5 años, intentando recibir su ciudadanía y gastando miles de dólares en ayuda legal para pelear por su causa. Los padres de uno de ellos incluso eran ciudadanos israelíes mesiánicos, lo mismo que algunos de sus hermanos. Sin embargo, debido a la persecución a manos de organizaciones no lucrativas ortodoxas, quienes aconsejan a las cortes en casos que involucran a judíos mesiánicos, perdieron su apelación y debieron salir del país.

Es a la luz de todo esto que llamo a Israel la “milagrosa imperfección”. Sí, las Fuerzas de Defensa Israelíes han maltratado a palestinos en ciertas ocasiones. Sí, el gobierno también maltrata a judíos mesiánicos en ocasiones. Sí, la ciudad de Tel Aviv cada año es sede de una de las más grandes celebraciones del orgullo gay en el mundo. Sí, Israel en su conjunto aún no ha aceptado a Jesús como su Mesías.

Nada de esto, amigos, niega el hecho de que Israel exista hoy en día y pueda celebrar su 70o cumpleaños porque un Dios que obra milagros ha sido fiel en guardar sus promesas. Lo que Él inició a través de las manos seculares de A.D. Gordon, Leon Pinsker, Theodor Herzl y David Ben-Gurion, hace más de un siglo, continúa hasta ahora como prueba de que Israel no es el héroe de la historia—¡el Dios DE Israel lo es!

Israel nunca será perfecto, siempre cometerá errores y su gente continuará siendo un pueblo obstinado, ruidoso y revoltoso, pero su perfección no radica en su desempeño como nación-estado o como colectivo judío. Está, en cambio, en el hecho de que Israel está convenientemente ligado a un Dios fiel, quien eligió a la nación hace miles de años porque la amaba.

Personalmente, hallo aliento en saber que Dios guarda sus promesas fielmente, aun tras nuestra desharrapada historia de fracasos. El Estado y pueblo de Israel son una señal para las naciones de la tierra, de que el Dios de Abraham, Isaac, Jacob y Yeshúa es el verdadero Dios, y de que es digno de nuestra confianza y afecto.

¡Feliz septuagésimo cumpleaños a la milagrosa imperfección—Israel!


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