NOCHE ESTRELLADA

Pensamientos sobre los Días de Arrepentimiento

Por Bonnie Saul Wilks
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Publicado en Festividades JudíasLos Días de Arrepentimiento sobre 19 de febrero de 2018

Me encantó aquella línea de Jody Foster en la película “Contacto”cuando ella, viajando a través del espacio y presenciando maravillas y belleza como nunca antes ha visto en la tierra, dice, “no debieron enviar a una científica a describir esto, debieron enviar a una poetisa”. ¡Lindo elogio de la científica a la poetisa!

La belleza del espacio, las estrellas y las galaxias es ciertamente digna de ser expresada en la poesía. Siendo una niña pequeña, me sentaba en el pórtico noche tras noche, enamorándome así de las estrellas. Mis recuerdos son vívidos: el fresco aire nocturno, el cielo negro como tinta y las brillantes estrellas, cantando con la oscuridad de fondo. Escuché sus canciones y canté también, sola entre mis infantiles meditaciones, mis privadas sinfonías de alabanza a mi creador, quien hizo bellamente los mundos más allá del nuestro.

En esas inspiradoras noches sola a la luz de las estrellas, una escritura venía a mí una y otra vez, “Estad quietos y conoced que yo soy Dios”. El oscuro cielo, las estrellas parpadeantes y la genialidad de Dios hacían de la creación que podía ver, y de la que no podía ver, algo abrumadoramente vasto, sin límites, más allá de la comprensión. Con todo, el peso de este conocimiento no me aplastaba; no me sentía insignificante. Todo lo contrario. Dios tenía algo importante para mí, esperando mi contribución en ello. Mi vida tenía significado, propósito y orden, tal como el universo.

Más tarde a lo largo de la vida, descubrí que mi cultura tiraba en dirección contraria a esas emociones que tenía de niña. Aprendí que la gente  muy inteligente pensaba y enseñaba que el hombre tenía cero importancia en el papel y el plan del universo – que de hecho no existía plan alguno. Emanuel Kant, filósofo alemán del siglo XVIII, escribió que la vastedad del universo destruye la importancia de la humanidad. Nietzsche, ateo del siglo XIX, dijo que somos vagabundos cósmicos.

A pesar de las opiniones contradictorias en la cultura a mi alrededor, crecí para hallar gran contentamiento en lo que un  joven pastorcito escribió sobre el universo:

“Cuando contemplo el cielo, obra de tusdedos, y la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta? Hiciste al hombre poco menor que un dios, y lo colmaste de gloria y de honra. ¡Lo has hecho señor de las obras de tus manos! ¡todo lo has puesto debajo de sus pies!” Salmos 8: 3-6 (RVC)

Creo que Dios creó el universo con extravagancia para probar cada día, mientras disfrutamos de él, que Dios es capaz de un amor extravagante. Él lo ordenó así para que podamos aprender a medir y estudiar este universo, y así acercarnos más al Señor. En verdad creo que es el propósito de Dios que la vastedad del universo, conocido y no conocido, nos incite a conocer al diseñador y artista a cargo de tal creación.

La nación judía alrededor del mundo ciertamente medita con sobriedad acerca del Creador del universo, a medida que transita los Días de Arrepentimiento previos a Yom Kipur. Sus miembros esperan ser considerados “lo suficientemente buenos” a razón de sus buenas acciones. Sienten el peso de sus malas acciones. Lejos quedan los recuerdos históricos del poder limpiador de la sangre de toros y corderos, desaparecido con la destrucción del Templo en el año 70 d.C. Ausente está el conocimiento del poder amnésico de la sangre del Cordero, que cancela la mancha del pecado del hombre.

Que el maravilloso y extravagante Dios del universo atraiga a todas esas personas a contemplar las noches estrelladas durante esta temporada. Mi oración es que, una por una, las personas se sientan envueltas en el silencio del corazón de Dios, mirando hacia las estrellas para descubrir que la nación judía aún es importante para el plan eterno del Señor. Oro que los judíos alrededor del mundo recuerden que Dios prometió a Abraham que sus descendientes florecerían como las estrellas del cielo. Que comprendan que este Dios hacedor de pactos, que no miente ni presta oídos sordos, no se zafará de tan profunda promesa a menos que las mismísimas estrellas se caigan del cielo.


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