YOM KIPUR | ¿FILME DE SUSPENSO?

Por Jonathan Moore
‹ Volver a Blog
Publicado en Festividades JudíasYom Kipur sobre 24 de septiembre de 2017

Escuche la oscura y misteriosa música dentro de su cabeza. Baje las luces. Un poco más. Ahora susurre conmigo en tonos graves… El Día de la Expiación (o Día de la Propiciación). Suena a algo salido de una película de suspenso. “¡El Día de la Expiación!… tun tun tuuuuun.”

Como cualquier buen judío mesiánico lo haría, usualmente nos referimos a él por su nombre hebreo: Yom Kipur. Aquellos de nosotros que hemos “celebrado” esta “festividad”hemos sentido la sombría e inclusive oscura sensación que este día santo usualmente transmite. La mayoría de nosotros no celebra, sino que conmemora a través del ayuno de comida y bebida desde la puesta de sol a la del día siguiente. Tradicionalmente cantamos oraciones especiales, específicas para esta celebración, y usamos ropa blanca. No trabajamos en lo más mínimo y, en Israel, solo  a los vehículos de emergencias se les permite circular ese día.

A la segunda puesta de sol y con el fin de las plegarias, tocamos el shofar o cuerno de carnero. Todas estas costumbres tienen significado y, para ser honesto, múltiples interpretaciones de tal significado. El estudio de la tradición judía y la ley oral es prácticamente interminable, así que a continuación abordaré solo lo relacionado puramente con las Escrituras.

Con todo, en ocasiones es difícil reconciliar los mandamientos de Levítico 16, Levítico 23:26-27 y Números 29:7-11 con las realidades que vemos en Yeshúa y las primeras comunidades de creyentes. ¿En verdad todavía deberíamos “afligir nuestras almas”, como se menciona en Levítico 23:27? ¿Qué hay de sacrificar animales sobre altares? En verdad creo que si viese a mi vecino haciendo eso donde vivo (a las afueras de Jerusalén), probablemente llamaría a la policía y, por lo menos, estaría convencido de que él forma parte de un culto.

Si la Biblia es la Palabra de Dios inspirada divinamente, y si “Toda la Escritura es útil para enseñar, para redargüir, para restaurar y para instruir en justicia” ( 2 Ti 3:16), entonces ¿qué propósito cualquier explicación para usted y para mí hoy en día?

Deberíamos entender, antes que nada, que en el corazón de los mandamientos de Dios referentes a Yom Kipur, se halla el encuentro entre Dios y la humanidad en el Lugar Santísimo. No es fácil imaginarse este escenario, pero piense en algo así como el lugar más intenso, espiritualmente hablando, sobre la tierra—más intenso que Luke SkyWalker acercándose al aquel árbol en el templo Jedi en “La guerra de las galaxias” y, sí, más intenso que cualquier festival New Age. Era legítimamente la presencia (Shekiná) del Creador del Universo la que permitía que solo una selecta persona, de una selecta tribu, de una selecta nación, entrara una vez al año a encontrarse con el ser más poderoso de toda la historia. ¡Vaya!

El segundo elemento más importante es el perdón de pecados. La explicación más o menos elaborada del proceso tiene muchas partes que podemos extrapolar a nuestras propias vidas. En su nivel más simple, puede decirse que los animales son sacrificados y su sangre es exhibida públicamente para “hacer expiación… por todo Israel.” Hay un estrafalario elemento en este ritual: se instruye al sumo sacerdote de modo que éste, “pondrá las dos manos sobre la cabeza del animal, y confesará sobre él todas las iniquidades, rebeliones y pecados de los hijos de Israel” (Lv 16:21). Luego,  el chivo expiatrio (macho cabrío) es enviado al desierto porque estará “llevando sobre sí a tierra inhabitada todas las iniquidades del pueblo.” (Lv 16:22) ¡¿Qué?!

Repitamos nuestro mantra para calmarnos… “Toda Escritura es útil… toda escritura es útil… toda escritura es útil…”

De algún modo, una mancha que no puede ser removida y nos ha estado matando desde la caída de Adán es sacada de nosotros y puesta en un pobre chivo. Me imagino esto como un oscuro y aceitoso virus líquido que se mete en nuestra sangre, como la leucemia, matando así nuestros cuerpos. Entonces, el médico de médicos viene y nos hace una transfusión sobrenatural, misma que absorbe toda esa oscura, aceitosa sangre, y la pone en el chivo, dejándonos una sangre pura una vez más.

A quien tiene oídos para oír esto le suena mucho a Yeshúa, quien llevó nuestros pecados sobre sí mismo para así darnos vida. Él fue el sacrificio máximo, hecho una sola vez y para siempre (Hebreos 10:12). Esta conexión da plenitud al significado de la cabra que sacrificada, pero también de la que es enviada lejos. Es una conexión profunda y podríamos meditar en ella por horas. Sugiero una lectura a profundidad de los versículos de Yom Kipur junto con los capítulos 4 al 10 de Hebreos.

No podemos evitar la declaración concluyente en Hebreos 10:17-18 que afirma, “«Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.» Cuando los pecados ya han sido perdonados, no hay más necesidad de presentar ofrendas por el pecado.”

Si hemos declarado a Yeshúa como nuestro salvador, si lo seguimos y somos llenos del Espíritu Santo, ¡¿por qué necesitamos Yom Kipur?!

Reunamos todo lo que hemos discutido. Primero, los creyentes aún podemos encontrarnos con Dios en este día especial, tal como lo hacemos cada Shabato durante las otras festividades Dios es omnipresente y puede hablarnos en cualquier momento en cualquier lugar. ¿Por qué entonces nos molestamos apartando tiempos de reflexión con Dios? Bien, si vamos a ponernos así, podríamos decir que usted ama a su esposo(a) y se compromete con él/ella, ¿para qué celebrar aniversarios?

El que seamos perdonados diariamente al confesar nuestros pecados no significa que no haya tiempos especiales, apartados por Dios, para encontrarnos con él y reflexionar sobre varios temas. Yom Kipur ofrece un tiempo que podemos usar para sumergirnos más profundamente en aquello que Dios aún quiere trabajar dentro de nosotros.

La parte más maravillosa de Yom Kipur es la puesta del sol, que da fin a la conmemoración. No solo hablo de la fantástica comida que muchos de nosotros compartimos para romper el ayuno, sino de tener la sensación de que Dios en verdad nos ha perdonado por todo lo que pudiésemos haber confesado. Sin importar la intensidad de la lujuria, del orgullo, ira o codicia, incluso los más vergonzosos de los errores… todo se ha ido. Dios lidió con ello y así podemos caminar en libertad una vez más.

Arrepintámonos cada día de nuestros pecados para que cada día podamos experimentar el gozo sentido después de Yom Kipur. Abordemos todas las áreas de nuestras vidas desde la libertad experimentada en esa noche cuando concluimos la conmemoración.

Así, a pesar de que Yom Kipur inicie con la oscura y misteriosa música y las tenues luces—quizás siguiendo el patrón de una película de suspenso—termina con la emoción y belleza de un nuevo amanecer, de una fresca brisa de primavera soplando sobre nuestras espaldas y música celestial impulsándonos a seguir adelante.


Jonathan Moore co-dirige la congregación Ahavat Yeshua en Jerusalén, Israel. Se casó con Simcha Naomi (Juster) Moore en 2008 y tienen tres niños pequeños. Jonathan ha sido llamado a reunir negocios y ministerio, por lo que también lidera una oficina de consultoría que ayuda a empresas emergentes israelíes a conectarse con inversores, así como a otras iniciativas emprendedoras a conectar a los creyentes con Israel. A Jonathan le apasionan el liderazgo, los estudios bíblicos en casa, el discipulado y lo relacionado a los deportes de Washington D.C. (su lugar de nacimiento).

Si desea una auténtica receta de la cocina de la mamá yídish, haga clic aquí: La Cocina de la Mamá Yídish


¡Reciba nuestras noticias!

Síganos

Revista Zealous

Otoño 2018