SHAVUOT: ¡CONTAMOS CONTIGO, SEÑOR!

Por Matthew Rudolph
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Publicado en Cuenta del OmerFestividades Judías, Shavuot, sobre 8 de junio de 2016

“¡Uno, dos, tres… cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, CINCUENTA!” Uno de mis juegos favoritos de la infancia eran las escondidas. Todo se trataba de la expectación acumulada al contar hasta un número acordado, y luego de la emoción de la búsqueda de los amigos escondidos—culminando en absoluta euforia con el gozoso descubrimiento por ambas partes. La festividad bíblica de la Fiesta de las Semanas lleva consigo la misma sensación de expectativa acumulada, excepto que esta vez esa sensación de expectativa se intensifica aún más, pues los números contados se miden en días y no meros segundos.

Si bien las siete fiestas del Señor están directamente relacionadas con la celebración y observancia de tiempos establecidos apartados por Dios, solo la Fiesta de las Semanas recibe su nombre de la idea específica de contar el tiempo mismo. Las primeras palabras en la Torá sobre la Fiesta de las Semanas, dicen, “y contarán”, y el siguiente verso repite la idea diciendo, “cuenten cincuenta días” (Levítico 23:15-16).

La oración de Moisés tal como se registra en el Salmo 90, tiene esta verdad incrustada en ella—“Enséñanos a contar bien nuestros días,para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12). El ciclo anual de festividades judías es un recordatorio perpetuo de que el tiempo es un regalo de parte de Dios. Cuando lo contemos correctamente y valoremos los tiempos y temporadas que Él nos ha ordenado, viviremos en la recompensa de un conocimiento íntimo de Él.

Siendo la segunda de las tres fiestas de peregrinaje—aquellas en que todos los hombres de la nación debían presentarse frente al Señor en Jerusalén—ésta es claramente una festividad independiente (Éxodo 23:16). Al mismo tiempo, la Fiesta de las Semanas está inextricablemente ligada a la Pascua a través del conteo de los días entre estas dos fiestas. Por tanto, hasta cierto punto es la culminación de la Pascua.

A través del marcaje de los cincuenta días que ocurren entre estas celebraciones, vemos que la Fiesta de las Semanas no solamente sirve para crear expectativa, sino también como un período de tiempo para vincular dos realidades. En las Escrituras el número dos habla de atestiguar y de testimonio. Por ejemplo, dos testigos establecen una verdad. Miremos rápidamente los temas de dos nombres, dos panes y dos montañas, tal como se encuentran en esta festividad.

Dos nombres

Los varios nombres de la fiesta se originan en el lenguaje usado en los versos mencionados anteriormente, en Levítico 23, así como en los lenguajes escritos de las Escrituras. El nombre hebreo para la fiesta es Shavuot, que significa “semanas”, y se refiere al conteo de siete semanas más un día a partir de la Pascua, estableciéndose así el tiempo de su observancia. El nombre griego para la festividad, en su forma anglosajona adaptada, es Pentecostés, que significa “cincuenta” y se refiere a contar cincuenta días entre Pascua y la Fiesta de las Semanas.

En el curso de la historia los dos nombres para la festividad, en sus respectivos idiomas, han llegado a ser indicativos de una diferencia de énfasis entre Israel y la Iglesia, pero creo que cuando unimos a ambos desde una perspectiva judeo-mesiánica, ganamos un entendimiento más completo de la importancia de esta festividad.

Hoy en el judaísmo, Shavuot es una celebración de la entrega de la Torá a Israel en el Monte Sinaí, a manos de Moisés (Levítico 26:46). Cincuenta días después de cruzar el Mar Rojo tras salier de Egipto, las tribus de Israel fueron reunidas al pie del Monte Sinaí. Con el recibimiento de la Torá nació la nación de Israel (Éxodo 19:6). La liberación del yugo de Egipto llegó para que las tribus de Israel pudiesen ser liberadas de su identidad de esclavitud, a fin de recibir la enseñanza del Señor, que sería la revelación de su carácter, su naturaleza y sus caminos.

Para gran parte de la Iglesia alrededor del mundo,la festividad de Pentecostés es la celebración del derramamiento del Espíritu Santo sobre los primeros creyentes, en Jerusalén, cincuenta días después de la resurrección de Yeshúa, tal como se registra en el segundo capítulo de los Hechos. En ese mismo día—una vez más rodeados de milagros, señales y maravillas— los seguidores de Yeshúa estaban reunidos en un lugar y fueron empoderados para llevar la palabra de Dios a cada nación, en el poder del Espíritu Santo. ¡Fue así que en ese día nació el cuerpo del Mesías!

Dos panes

Tras contar las semanas y días previos a Shavuot, la única otra instrucción específica sobre cómo observar la festividad es muy peculiar. Tiene que ver con la ofrenda que debía ser traída por cada hogar y dada al sacerdote para que la meciera frente al Señor. La ofrenda prescrita era de dos hogazas de pan leudado. A la luz de la conexión con Pascua (la fiesta del pan sin levadura), así como con la ofrenda mecida—consistente en pan sin levadura—presentada en Primicias, durante la cuenta de los días, las dos hogazas de pan leudado destacan particularmente. Además de que esta instrucción de Shavuot sea peculiar, cabe mencionar las leyes mosaicas que afirman que ninguna ofrenda de grano habría de tener levadura en ella (Levítico 2:11).

No obstante, en Shavuot el Señor ordenó que dos hogazas de pan leudado fuesen mecidas delante de él, a manos de los sacerdotes. Ya descubrimos que Shavuot habla tanto del nacimiento de la nación de Israel como del nacimiento del cuerpo internacional de Mesías. ¿Podría ser esta ofrenda mecida un indicio del misterio del Nuevo Hombre, reconciliado por la palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo, tal como se presenta en Efesios capítulo 2? Levítico 23 dice que habría de ser una ofrenda purificada por fuego y santificada, para ser aroma agradable a Dios.

Dos montañas

Las locaciones en las que se suceden los dos momentos más definitorios de Shavuot en las Escrituras, son la cima de los montes Sinaí y Sión. ¡Los paralelismos entre estos eventos son asombrosos! No solo comparten la misma fecha dentro del calendario bíblico, sino que ambos son precedidos por días de preparación igualmente poderosos, en anticipación al encuentro histórico entre Dios y su pueblo. Se ha dicho mucho sobre la comparación entre lo sucedido en Éxodo 19-24, cuando Moisés se encontró con Dios en el Monte Sinaí a nombre del pueblo, y los ciento veinte discípulos que estuvieron en el aposento alto en el Monte Sión, en Hechos 2. Hay muchas similitudes relacionadas al que estuviesen reunidos en unidad. Vemos la manifestación de la presencia del Señor en gloria y poder, ¡lo que trae una revelación fresca de quién es Él, todo lo cual nos permitiría avanzar valientemente para declarar su nombre a las Naciones!

También se han hecho comparaciones respecto a las diferencias entre los resultados de ambos encuentros. Recientemente leía Hebreos 12 cuando vi por primera vez que no se trata solo de comparar Shavuot y Pentecostés. Al leer Hebreos 12 me di cuenta de que este pasaje está escrito desde una perspectiva celestial, mirando hacia abajo, a la montaña, mientras que Éxodo 19-24 está escrito desde un punto de vista que mira hacia arriba desde el pie de la montaña, donde la nación esperaba que Moisés regresara con las palabras del Señor.

Creo que en esta temporada de conteo de los días hasta Shavuot/Pentecostés, el Señor está reuniendo las dos perspectivas de nombres, panes y montañas, para comunicar una más completa y clara imagen de su plan para la completa restauración de todo el mundo, ¡a través de Israel y la Iglesia!

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Matthew Rudolph es el director internacional de Gateways Beyond International. Matthew es un creyente judío en Yeshúa, cuyo corazón arde por que la gloria de Dios sea vista en Israel y las naciones. Sus experiencias, ganadas al crecer en lugares como la India, Europa y el Medio Oriente, le han dado un entendimiento más amplio del latir del corazón de Dios por las naciones. Matthew sirve en el equipo apostólico de Gateways Beyond International—una familia de comunidades misionales con ministerios ubicados en Chipre, Suiza, Alemania y los Estados Unidos. Él y su esposa, Serah, tienen dos hijos adoptivos etíopes.
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