LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS

El fruto de la historia de la salvación

Por Dr. Raymond L. Gannon
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Publicado en Festividades JudíasRevista Zealous, Sucot, sobre 1 de septiembre de 2015

“Todos los sobrevivientes de las naciones que atacaron a Jerusalén vendrán todos los años para adorar al Rey, al Señor de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los tabernáculos.” Zacarías 14:16, RVC.

Tan estimada era Sucoten la Biblia hebrea, que el profeta Zacarías profetizó que todas las naciones harían sus propias peregrinaciones anuales a Jerusalén para adorar al SEÑOR en la Fiesta de los Tabernáculos, pero para entender la importancia de tal profecía necesitamos un mayor contexto.

Dios dejó en claro a cada uno de los patriarcas hebreos que él crearía la nación de Israel para que fuese su instrumento para “bendecir a todas las familias de la tierra” (Génesis 12).  Moisés repasó ese mismo tema justo antes de recibir la Toráde Dios, afirmando que Israel sería un “reino de sacerdotes y una nación santa,” es decir, recordó la misión de Dios que afectaría la reconciliación de todas las naciones con su creador (Éxodo 19-20).

Como parte del calendario religioso de Israel, la “Fiesta de los Tabernáculos” fue dada como la fiesta que finaliza las siete fiestas del SEÑOR, tal como se exponen en Levítico 23 y Deuteronomio 16. Su nombre hebreo, Sucot, plural de sucá, significa “cabañas”, “cabinas” o “tabernáculos”. También se le conoce como “El Festival”, “La Fiesta” o “La Fiesta de la Cosecha” (JagHaOsif). Un octavo día, SimjatToráo “Regocijo de la Torá (La ley)”, fue añadido más tarde para honrar y celebrar el ciclo anual de lectura pública de la Torá.

Sucot conmemora la gratitud por dos realidades históricas: (1) el albergue temporal y la abundante provisión con que Dios suplió a su pueblo en el desierto por 40 años, y (2) la temporada de cosecha, durante la cual la nación agrícola vivía en los campos para así aprovechar el tiempo para la recolección de las cultivos.

En los campos, y más tarde en las casas de Israel, la débilmente construida sucásería el lugar de reposo de cada familia judía, sus invitados especiales (ushpizín, incluso figuras patriarcales) y otros extranjeros (amigos, vecinos e inclusive no judíos) que pudiesen llegar al “tabernáculo” diseñado para dar toda la gloria a Dios. Se debían hacer las actividades diarias dentro del tabernáculo tanto como fuese posible durante esos días. Completamente amueblado, uno comería, bebería, estudiaría, se entretendría, recibiría invitados y dormiría en la sucá.

El mecer frecuentemente del etrog(citrón) y ellulav(rama de palmera) hacia los cuatro puntos cardinales de la tierra con la recitación de los Salmos 113-118, representaba la universalidad del dominio de Dios y su eterna autoridad para reinar sobre todo y sobre todos. Una bendición (Hoshiana) clama por la salvación redentora de Dios para salvar al pueblo que busca.

En nuestros días, al llegar Simjat Torá, la Torá es paseada alrededor del podio, o bimá, de la sinagoga, siete veces. Todos los presentes reciben el honor de llevar la Torá—el consejo divino de Dios para la nación de Israel—mientras se canta y danza en celebración de la revelación de Dios. Concluir la lectura de Deuteronomio e iniciar la de Génesis comunica el interminable deber de la humanidad de estudiar la palabra de Dios.

En la Fiesta de los Tabernáculos resuena el mensaje de que Dios “estableció su tabernáculo” en medio de nosotros a través de la persona de Yeshúa: “Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad.” Juan 1:14.

Con el Templo gloriosamente iluminado por cuatro enormes candeleros dorados durante Sucot, hombres piadosos danzaban con antorchas en sus manos, entonando canciones y alabanzas.  Mientras incontables levitas tocaban arpas, liras, címbalos, trompetas y otros instrumentos musicales sobre los quince escalones que llevaban del atrio de los israelitas al atrio de las mujeres, Yeshúa dio un paso al frente y clamó, “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jua 8:12).

La ceremonia de Sucotpara sacar agua, Nisuj HaMayim, durante la cual se clamaba a Dios para proveer lluvia para las cosechas, era una ocasión llena de gozo, actividad y drama. Mientras una gran cantidad de exuberantes adoradores y flautistas litúrgicos acompañaban al sacerdote levítico, tanto agua como vino eran vertidos en un cuenco que, a través de tuberías, volvía al torrente de Kidrón(Cedrón).

Fue en ese último día de Sucot, durante la ceremonia de libación de agua en este grandioso contexto, que el Mesías Yeshúase paró en medio de su pueblo judío para revelar que él era el cumplimiento de la celebración y la respuesta a sus plegarias. En ese, el último y más grandioso día de la  fiesta, se puso en pie y dijo a gran voz, “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Del interior del que cree en mí, correrán ríos de agua viva, como dice la Escritura” Juan 7:37-39.

El profeta Zacarías escribió de un día venidero en el que todas las naciones de la tierra serán llamadas a celebrar la Fiesta de los Tabernáculos. Israel cumplirá su destino prometido bajo la autoridad y dirección de Yeshúa, y proclamará exitosamente el evangelio alrededor del mundo. Una época de redención global vendrá cuando las naciones reconozcan la autoridad de Dios en Yeshúay se conviertan en adoradores en una renovada Jerusalén, tal como lo vemos en Apocalipsis 7:9-10 y 21:3-4.

Finalmente, toda la humanidad se volverá adoradora en el tabernáculo de Dios. Nadie se atreverá a desafiar al Eterno, ¡y esa será, definitivamente, la más grandiosa época para nuestro gozo!


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