JANUCÁ: UN MARTILLO Y UNA FLAMA

Días judíos distintivos: Un estudio mesiánico de las fiestas y festividades judías

Por Bonnie Saul Wilks, redactora del MJBI
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Publicado en Festividades JudíasJanucá sobre 9 de diciembre de 2014

Fiesta

 Janucá, Fiesta de la Dedicación o Festival de las Luces

Resumen

En el año 167 a.C., Antíoco IV persiguió a los judíos prohibiéndoles el estudio de la Toráy haciendo ilegales las prácticas religiosas judías. Profanó el Templo al requerir que se sacrificaran cerdos en el altar. Un destacado y fiel grupo de luchadores logró vencer a los enemigos de Israel. Marchando hacia Jerusalén y haciendo la guerra, Judá Macabeo (“martillo” en hebreo), purificó y restauró el lugar santo de Dios. Su pequeño ejército, con Dios de su lado, destruyó los ídolos extranjeros y resucitó un nuevo altar. Artesanos judíos elaboraron nuevas vasijas y se dispuso una fecha para la re-dedicación—el 25 de Kislev. Para el momento del servicio de dedicación solo se halló una vasija con el aceite  especialmente preparado para arder en el candelabro—solo era suficiente para un día. El milagro de Janucáes que ardió por ocho días consecutivos, mientras un mensajero fue despachado para traer más aceite. ¡Verdaderamente Macabeo se convirtió en el martillo de Janucá! Nadie estaría celebrando si Dios no hubiese usado su valentía y fuerza, como la del golpe de un martillo, para librar al pueblo judío y encender de nuevo la luz.

En Israel y en la diáspora, una menorá de nueve brazos, llamada januquiá, es el centro de la celebración moderna. Tiene un brazo para la vela “sierva” que se usa para encender las otras, progresivamente, durante ocho días consecutivos. Aunque se le considera una festividad menor durante la cual se trabaja normalmente (como durante Purim), es ampliamente celebrada y disfrutada. El punto focal espiritual es “el milagro del aceite y la luz”, y el agradecimiento a Dios por proveer sobrenaturalmente para su pueblo.

Lecturas

Entonces llegó Janucá en Yerushalayim. Era invierno y Yeshúacaminaba dentro del área del Templo, en el pórtico de Shlomo. Entonces los de Judea lo rodearon y le dijeron, “¿Cuánto tiempo más nos tendrás en suspenso? ¡Si eres el Mesías, dínoslo públicamente!” (Juan 10:22-24, traducción libre de la versión inglesa CJB).

Palabras hebreas

Janucá es la palabra hebrea cuyo significado es “dedicación”, “establecimiento”, o “consagración”.   Macabeo significa “martillo”. Or significa “luz” y emet significa “verdad”.

Pensamiento devocional

“Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo” (Juan 1:9, NTV).

“Pues tú eres la fuente de vida, la luz con la que vemos” (Salmos 36:9).

Aunque Janucá no está listada entre los tres festivales judíos requeridos por las escrituras hebreas en Deuteronomio 16, sigue siendo una linda festividad llena de significado. Sus lecciones respecto a la importancia de la luz para la humanidad y la necesidad de experimentar milagros en la vida diaria, son esenciales e inspiradoras. Janucá es un diminuto, ancestral milagro de multiplicación del suministro de aceite para un día, que brilló en un Templo recién re-dedicado. Su vieja historia se transforma en una aplicación moderna del dominante poder y lugar que ocupa la luz dentro de la observancia y tradición judía.

La luz, o ese particular rayo de iluminación que guía durante el trayecto, ha dejado un rastro que puede ser visto a lo largo de la historia judía, desde el principio hasta el final. Se hace evidente desde la creación de Dios de la luz en el principio, pasando por el fuego que guió a los israelitas por la noche a través del Sinaí y por una zarza ardiente—que no se consumía—en el desierto, hasta llegar a Sadrac, Mesac y Abednego en el candente horno y finalmente a las lenguas de fuego, descritas en el Nuevo Pacto, que descansaron sobre las cabezas de aquellos primeros discípulos de Yeshúa, quienes esperaban por la ayuda del Espíritu Santo en el Aposento Alto en Jerusalén.

“El fuego que ardía siempre llevaba a la fuente de vida, al único y verdadero Dios, en cuya luz vemos la luz” (Salmos 36:9).

El Creador de la luz enfatizó tanto el lugar e importancia de la iluminación física y espiritual en el mundo, que su único hijo se convirtió en la máxima metáfora y mayor ejemplo vivo de la revelación para un pueblo que estaba en oscuridad, limitado por el pecado. Él es llamado la luz del mundo, y él es la verdadera luz que brilla en la oscuridad (Juan 1:5). Luces menores compiten para cautivar la lealtad de los corazones humanos, pero únicamente el resplandor de Dios—en la forma de Yeshúa,el mesías judío (Hebreos 1:3)—es la verdadera luminosidad que trae a los hombres a los caminos de una vida de rectitud.

“Aquel que es la luz verdadera, quien da luz a todos, venía al mundo.” (Juan 1:9).

Las palabras hebreas para “luz verdadera” son or emet. Varias palabras hebreas se derivan del verbo emet, que significa “soportar, apoyar o hacer firme”—verdad, verdadero, fe, fidelidad, integridad y fieles. En realidad, Yeshúaes la verdadera luzque viene al mundo a hacer firmes y dar apoyo a nuestras vidas cuando caminamos delante de él en este viaje que es nuestra vida.

Nunca en esta vida he sido testigo de un tiempo tan oscuro, de incertidumbre y caos, como lo soy ahora. Los eventos de la actualidad están repletos de amenazas llenas de miedo, ocurrencias increíbles y desgarradoras. Las turbulentas noticias de «guerras y rumores de guerras, enfermedades y los corazones de los hombres que fallan debido al  temor» de las que hablan las Escrituras, han cobrado mayor significado para mí en los últimos años. Con todo, el poder estabilizador de la luz verdadera que brilla en estos tiempos malvados y oscuros ha sido una gracia reconfortante y salvadora para mí.

Tal como las velas de Janucáse vuelven más y más brillantes a medida que se añade una nueva, cada noche durante ocho noches, la luz de los justos crece en brillo hasta que llegue el día. La luz ha de incrementarse en la medida que se incremente el conocimiento sobre el Mesías.

“Pero la senda de los justos es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que es pleno día” (Proverbios 4:18).

Vivimos en tiempos de oscuridad, pero conocemos a la luz del mundo, Yeshúa, quien ha inundado nuestras almas de esperanza y gozo. El pequeño, ancestral milagro judío del aceite y la luz se vuelve más hermoso y significativo a medida que nos acercamos al regreso de nuestro Señor. Algún día el nos arrebatará para llevarnos a casa, en donde viviremos en un lugar preparado, en el cual no habrá necesidad de sol que brille de día, pues Dios será nuestra luz.

“No habrá más noche, ni tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol; porque el Señor Dios alumbrará sobre ellos, y reinarán por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 22:5).

Oración

Padre, ilumina los lugares oscuros del mundo que me amenazan con temor. Inúndame con tu gloriosa luz para que pueda ver y confiar en el camino que has puesto delante de mí. Dame confianza para comprender la esperanza futura que es mía a través de Yeshúa.Yo declaro que TÚ eres mi luz y mi salvación, y en ti no tengo nada que temer. Amén.

Celebraciones y tradiciones de la festividad:

Como sucede en todas las festividades judías, la comida es algo central. Dado que se celebra el milagro del aceite, Janucáse centra en alimentos fritos o aquellos hechos con aceite. Algunos favoritos incluyen latkes(o panqueques) de papa y sufganiyot(donas rellenas de jalea). Algunas actividades de la fiesta incluyen encender una menoráde nueve brazos, también llamada januquiá, mientras se recitan oraciones especiales a la puesta del sol, durante ocho días consecutivos. Los niños juegan al dreidelo pirinola, que se gira para ganar monedas de chocolate llamadas gelt. Cada uno de los cuatro lados del dreideltiene una letra hebrea; juntas forman el acróstico, “un milagro sucedió allí”. En algunas comunidades, especialmente de occidente, es común intercambiar pequeños regalos cada una de las ocho noches (algo similar a lo que se hace en Navidad).

 


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