YOM KIPUR

EL ANTIGUO RITUAL AÚN HABLA

Por Bonnie Saul Wilks
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Publicado en Festividades JudíasYom Kipur sobre 22 de septiembre de 2014

Días judíos distintivos

Un estudio mesiánico de las fiestas y festividades judías

“Además del día de descanso, estos son los festivales establecidos por el Señor, los días oficiales para asamblea santa que deberán celebrarse en las fechas señaladas cada año.” (Levítico 23:4, NTV)

Fiesta:

Yom Kipur o Día del Perdón, de la Expiación o de la Propiciación

Resumen:

Yom significa “día” y Kipur proviene de la raíz hebrea que significa “expiar”. Con estas palabras tenemos listo el escenario para el día más santo del año para el pueblo judío. Arrepentimiento y expiación son los valores y fundamentos centrales de esta hermosa conmemoración que cae en otoño, siendo una de las tres llamadas Fiestas Altas. Sucede el 10 de Tishrei según el calendario judío, y es un período de 25 horas de ayuno, oración intensa y búsqueda de perdón.

Lecturas:

Levítico 16; Hebreos 10:1-18

Palabras hebreas:

Un par de palabras centrales de esta fiesta judía son Yom Kipur, que significa “Día del Perdón” y azazel o “la cabra enviada lejos”—ez significa “cabra” y azal “enviada lejos”. El significado original de esta palabra es desconocido y ampliamente debatido. Diversas posibilidades existen, así que elegí enfatizar esta denotación. Kapará, que significa “expiación” y terá, de la raíz hebrea que significa “limpiar” también se incluyen aquí.

Pensamiento devocional

“En ese día, [1] se hará expiación por ustedes, [2] para limpiarlos. Así, delante del Señor serán limpios de todos sus pecados” (Levítico 16:30, énfasis mío).

La humanidad tiene defectos. La idea metafórica de una innata y arraigada “mancha humana” en nuestras almas es común y universal. En medio de los constantes y valientes intentos de bondad y de NO lastimar a algo o alguien, decepción y fracaso siempre existirán en cierto nivel. Si bien se sencillo reconocer la proclividad general de la sociedad de constantemente “quedarse corta” moralmente, aceptar nuestra responsabilidad por los fracasos personales de cualquier tipo es otra historia.

A diario las noticias están repletas de historias que muestran tales fracasos, acompañadas de fervientes alegatos de negación. La Historia nos muestra los hechos; grandes relatos de fracasos y defectos llenan sus páginas. Al Capone, OJ Simpson, Robert Blakely, el presidente Clinton, Casey Anthony, Donald Sterling… la lista crece diariamente. El hilo central que permea estas dificultades humanas es el clásico “yo no fui”, respondido ante cualquier cargo presentado.

No intento acusar a nadie. No obstante, las Escrituras son claras en Romanos 3:23: “Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.” Los ingredientes faltantes en la sociedad son la admisión y la confesión, componentes necesarios para hallar el genuino arrepentimiento. La humanidad necesita desesperadamente ver en dónde ha fallado y confesar sus faltas para que la expiación pueda cubrir y quitar la mancha humana (1 Juan 1:9)

Para quienes nos hemos quedado cortos de la gloria de Dios, una extraordinaria belleza y profunda esperanza se esconden dentro del antiguo “ritual del chivo expiatorio” (macho cabrío)—o de las dos cabras—de Yom Kipur, siendo una de las cabras presentada como sacrificio “delante del Señor” y la otra enviada al desierto “para azalel.” Dado que eran similares, se echaban suertes para elegir qué papel jugaría cada una. Una derramaría su sangre por el pecado y la otra llevaría la mancha de pecado consigo. Viejas costumbres nos dicen que a los cuernos de esta última se les ataba un hilo escarlata, mismo que se quitaba antes de ser enviada al desierto. Si la práctica había sido efectiva, el hilo escarlata se volvía blanco, noción comparable con la escritura en Isaías 1:18: “Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve.”

Pero la pregunta persiste, “¿por qué dos cabras en Yom Kipur?” Este es el día más santo del año, un día en que enfatiza el arrepentimiento. El uso de corderos, cabras y toros no era algo nuevo para Israel; sí un muy común sacrificio para expiación. Aquí, en esta fiesta tan especial, se requieren dos animales usados de distintas formas.

Esta es una hermosa imagen de la obra expiatoria de Yeshúa llevada a cabo por nosotros en aquel madero de la muerte. Él logró lo que la sangre de un animal no podía (Hebreos 10:4). Con el Día de la Expiación recibimos una clara imagen sobre propósito. El pecado no solo es perdonado, sino que su mancha—el manchón humano común a todos nosotros—es llevado lejos, a un lugar desolado.

La Torá clarifica los propósitos de las cabras, “En ese día, [1] se hará expiación por ustedes, [2] para limpiarlos. Así, delante del Señor serán limpios de todos sus pecados” (Levítico 16:30). Usualmente, el mayor logro con el sacrificio de animales era la expiación o kapará, pero en Yom Kipur se ilustra otro aspecto de redención: l’taher o “limpiar”. La redención por sangre cubre los actos por los que caemos de la gloria de Dios, y eran aquellas dos cabras las que sacaban a la luz tal verdad—una para expiación y la otra para limpieza de la persona al llevarse muy lejos la “mancha humana”. Esto es lo que nos hace “nuevas criaturas” y nos permite cambiar la página para reiniciar nuestra vida sobre una página nueva y limpia (2 Corintios 5:17).

El pecado deja una marca, misma que debe ser cubierta y quitada. El rey David debió estar sintiendo la mancha dejada por el adulterio con Betsabé, cuando oró, “Lávame de la culpa hasta que quede limpio y purifícame de mis pecados”. (Salmos 51:2). Poncio Pilato desganadamente trató de absolverse a sí mismo de cualquier manchón de pecado, lavándose las manos por el homicidio de Yeshúa delante de una multitud, mientras declaraba, “Soy inocente…” (Mateo 27:24).

Una vez más, el hermoso y conmovedor significado de las festividades judías nos recuerda la obra redentora el Mesías para con el pueblo judío y las naciones, a través de una rica y significativa demostración: la antigua tradición del chivo expiatorio. Esta es, en verdad, una ilustración de la obra completa de nuestro Señor en la cruz: perdón y limpieza (Hebreos 10:1-18).

Cuando Pablo habló a su compatriotas judíos no se regodeó en su propia sabiduría, sino en la obra del Mesías. Su mensaje no fue simplemente que Yeshúa, de carne y hueso, era aquel por quien Israel había esperado; Pablo dijo además que Yeshúa fue crucificado por los pecados de Israel y de todo el mundo (1 Corintios 1:18-31). En ese mensaje, Pablo encontró el poder de Dios para convicción y cambio, lo mismo que vemos en el antiguo ritual del chivo expiatorio; Yeshúa no solo expió, sino que limpió y se llevó el pecado muy lejos. Ciertamente, esta vieja historia de expiación será nuestra nueva canción en los cielos. Nunca nos cansaremos de su gloriosa verdad.

Oración:

Gracias, Yeshúa, por tu obra expiatoria y limpiadora en la cruz, vista como un presagio a través del uso de las dos cabras en Yom Kipur. Tú demostraste esta verdad con tu propia vida. Gracias por recordarme antes de la fundación del mundo, y por proveer un camino para que las puertas de rectitud fuesen abiertas. Cancelaste mi pecado y quitaste la mancha para que yo pueda vivir mi vida como una nueva creación.

Celebraciones y tradiciones de Yom Kipur:

Siendo el día más santo del año judío, Yom Kipur es llamado el “Shabat de Shabats” y se observa ayunando y afligiendo el alma. Un ayuno de 25 horas inicia con la puesta del sol y concluye con la puesta del sol del día siguiente. Entre la gente religiosa, el consumo de comida o bebida está prohibido, con excepción de aquellos que sufren de alguna afección médica. Los judíos se abstienen además de usar piel, cosméticos o lociones, y no se duchan durante este período de humillación delante de Dios. Una comida tradicional de Shabat es servida antes de comenzar el ayuno, y dicho ayuno es concluido con otra comida. Mucha gente se viste de blanco como significado de pureza, y el rollo de la Torá es cubierto de blanco.


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